domingo, 24 de julio de 2011

La magía de la fe







LA MAGIA DE LA FE

La vida te ofrece lo que necesitas
si fluyes con ella con tu libertad,
no pongas por tanto tu empeño en tus fuerzas
pues sólo con ellas no lo lograrás.

La vida no exige ni grandes calvarios,
ni autosacrificios ni extremo dolor,
tan sólo precisa que alegre la vivas
danzando al latido de tu corazón.

Aquellos que dicen, con buenos propósitos,
que todo el que triunfa se debe esforzar,
no están en lo cierto, porque todo es fácil
si vives dichoso tu propia verdad.

No dejes que siembren tal duda en tu pecho,
ni cedas a extraños tu propio poder,
aquel que te otorga tus sueños enormes
si igual son las alas que tiene tu fe.

Jesús María Bustelo Acevedo

Nosotros tambien somos historia



Madre, nosotros también somos historia

Desde el fondo del tiempo me regalas adioses temporales
que datan de mis idas nerviosas a la escuela;
me sigues mentalmente como una estrella
y festejas mi regreso con la flor de tu sonrisa.
Tu bella piel anciana ha venido a ser un mapa
que expone los caminos de la perseverancia.

¡Cuán espléndida has sido todo el tiempo
amparándome en el diáfano cielo de tus ojos!
Los días ordinarios los has hecho mejores
hasta parecer de cumpleaños.
Siempre has sido igualita a ti misma;
tu riqueza provino de la tierra al igual que tu hermosura.
Lástima grande que no pueda grabar en el poema tus palabras,
pero tengo el placer ilimitado de guardar su eco,
la suerte de apoyar mi corazón sobre ellas.

He cantado tu presencia entre plática y plática
mientras unas estrellas aparecen y otras ceden el sitio
a tu memoria. Colocando los pies sobre la tierra
he tomado tus grandes sentimientos para arrostrar el tiempo.
Quiérase o no, tus actos han sido la argamasa con que se edifica
este país carajo; país hecho de actos sencillos y humanos simples
que, al cabo, es lo que cuenta,
porque nosotros, madre, también somos historia.

Autor: Francisco Morales Santos 

domingo, 17 de julio de 2011

Siembra



Cuando de mí no quede sino un árbol
cuando mis huesos se hayan esparcido
bajo la tierra madre;
cuando de ti no quede sino una rosa blanca
que se nutrió de aquello que tú fuiste
y haya zarpado ya con mil brisas distintas
el aliento del beso que hoy bebemos;
cuando ya nuestros nombres
sean sonido sin eco
dormidos en la sombra de un olvido insondable;
tú seguirás viviendo en la belleza de la rosa,
como yo en el follaje del árbol
y nuestro amor en el murmullo de la brisa

¡Escúchame!
Yo aspiro a que vivamos
en las vibrantes voces de la mañana.
Yo quiero perdurar junto contigo
en la savia profunda de la humanidad:
en la risa del niño,
en la paz de los hombres.
en el amor sin lágrimas.

Por eso,
como habremos de darnos a la rosa y al árbol,
a la tierra y al viento,
te pido que nos demos al futuro del mundo...

Paisaje

Ensueño